Los espías de la CIA en los campus universitarios

 

David H. Price*

(translated by Cecilia Paterno)

 

Publicado en Counterpunch – Tells the Facts and Names the Names

Jan. 1-15, 2005, Vol.12 N°1,1-6 editado por Alexander Cockburn y Jeffrey St. Clair

 

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El Pat Roberts Intelligence Scholar Program (Programa Pat Roberts de Inteligencia para Especialistas) infecta la academia con los  virus de la deshonestidad y la desconfianza ya que los especialistas que participan en él ocultan sus intenciones y sus vínculos con los ocultos maestros a los que sirven.

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El secreto que rodea el actual uso de aulas universitarias como campos de entrenamiento ocultos para la CIA y otras agencias, amenaza a los principios fundamentales de apertura académica tanto como a la integridad de una amplia gama de disciplinas académicas. Un nuevo programa piloto que sitúa en secreto agentes de la CIA en las aulas de las universidades norteamericanas ha estado operando sin ser detectado o levantar quejas, y con el tiempo, los estudiantes que como parte de este programa no pueden admitir sus verdaderas intenciones inevitablemente contaminarán y desacreditarán las universidades en las que están estudiando.

 

Siempre ha habido tensiones entre las necesidades de la academia y las del Estado de Seguridad Nacional, y aún antes de que los eventos del Once de Septiembre de 2001 expandieran los poderes de las agencias de inteligencia norteamericanas, nuestras universidades estaban siendo modificadas en silencio, en nuevos y disimulados métodos, para servir a las necesidades de la comunidad de los servicios de inteligencia. La más visible de estas reformas fue la instalación del National Security Education Program - NSEP (Programa de Educación para la Seguridad Nacional), que captaba a estudiantes de lenguas extranjeras inscriptos en  programas de financiamiento tradicionales tales como el programa Fulbright o el Title VI. Mientras que las fuentes de financiamiento tradicionales suministran a los estudiantes pequeñas asignaciones de unos pocos miles de dólares para estudiar lenguas extranjeras en universidades norteamericanas, el NSEP otorga a estudiantes graduados abundantes fondos (a veces de más de 40.000 dólares anuales) para estudiar idiomas “con demanda”, pero con cláusulas de retribución que obligan a los beneficiarios a trabajar más tarde para agencias de seguridad nacional de EEUU sin especificar.

 

Cuando comenzó a principios de la década de 1990, el NSEP fue apenas criticado por romper la supuesta barrera existente entre los deseos de la academia y los del Estado. Muchas organizaciones académicas, incluyendo la Middle East Studies Association (Asociación de Estudios de Oriente Medio), la African Studies Association (Asociación de Estudios Africanos) la Latin American Studies Association (Asociación  de Estudios Latinoamericanos) y hasta los masivos Boards of Social Science Research Council (Consejo de Juntas de Investigación en Ciencia Sociales) y American Council of Learned Societies (Consejo Americano de Sociedades Eruditas) expresaron una gran preocupación por los estudiantes que participan en el NSEP. Aunque el NSEP continua financiando estudiantes a pesar de estas protestas, se sintió algún consuelo al saber que tan diversas organizaciones académicas condenaban este programa.

 

Pero mientras que muchos académicos reaccionaron con cólera y protestaron por la entrada del NSEP a los campus norteamericanos, no se ha detectado ninguna reacción pública hacia otro programa de financiamiento posterior al Once de Septiembre, aún más problemático, que actualiza el punto de contacto existente entre las agencias de inteligencia norteamericanas y las universidades. Con poco ruido el Congreso aprobó la sección 318 del Intellience Authorization Act (Decreto de Autorización de Inteligencia) del año 2004, que destinaba cuatro millones de dólares en fondos para un programa piloto conocido como el Pat Roberts Intelligence Scholars Program – PRISP (Programa Pat Roberts de Inteligencia para Especialistas). Así llamado en honor al Senador Pat Roberts (representante de Kansas, en función, miembro del Senate Select Committee on Intelligence – Comité Selecto en Inteligencia del Senado), el PRISP fue designado para entrenar operarios y analistas en inteligencia en las aulas de las universidades norteamericanas para carreras en la CIA y otras agencias. El PRISP funciona en la actualidad en un número no revelado de universidades y facultades norteamericanas, y si la fase piloto de este programa prueba ser un medio eficaz de reclutamiento y entrenamiento para miembros de la comunidad de inteligencia, entonces el programa se expandirá a otros campus de todo el país.

 

Actualmente, los participantes del PRISP deben ser ciudadanos norteamericanos matriculados de tiempo completo en programas de licenciatura de grado con un mínimo de GPA de 3,4. Deben también “completar por lo menos un verano de pasantía en la CIA u otras agencias”, y deben pasar por las mismas investigaciones de antecedentes que cualquier empleado de la CIA. Los estudiantes del PRISP reciben retribuciones financieras de hasta 25,000 dólares anuales y se les requiere participar en reuniones cerradas con otros especialistas parte del PRISP e individuos de la agencia de inteligencia que los administra.

 

Menos de 150 estudiantes son autorizados por año para recibir fondos durante esta etapa piloto mientras el PRISP evalúa los resultados iniciales del programa. Más allá de unos pocos artículos en un diario de Kansas elogiando al Senador Roberts, y el antropólogo Felix Moss de la Universidad de Kansas haciendo lobby por el PRISP, ha habido un penetrante silencio en la prensa sobre el programa. Las pocas declaraciones públicas que describen el PRISP marcan supuestas similitudes entre programas ROTC (Reserve Officers' Training Corps – Cuerpo de Entreamiento de Oficiales de Reserva) existentes y el PRISP. Por ejemplo, el Lawrence Journal World del 29 de Noviembre de 2003, publicó que “aquellos en el programa serán parte del programa ROTC que se especializa en aprender a analizar una variedad de condiciones y actividades basados en una minuciosa comprensión y un profundo conocimiento de áreas particulares del mundo”. Más allá de las exigencias similares de que en ambos programas los participantes se comprometan a prestar años de servicios a los departamentos militares o de inteligencia que los patrocinan, hay pocas similitudes entre ROTC y PRISP. Los programas ROTC en general operan abiertamente, ya que los estudiantes miembros de ROTC se inscriben para cursos del ROTC y se identifican visiblemente y con orgullo como miembros del programa ROTC, mientras que a los estudiantes parte del PRISP se les instruye ocultar su afiliación con el PRISP a los demás en el campus.

 

El PRISP es un secreto a voces, y la CIA parece querer que se mantenga como un secreto más que se publique. El website de la CIA no mantiene un link activo con información detallada del PRISP. Actualmente el PRISP limita su publicidad a websites que reclutan para los servicios de inteligencia (como http://www.intelligencecareers.com/, o el National Groud Intelligence Center, http://monticello.avenue.org/ngic/index.shtml) y a sesiones de reclutamiento pequeñas y controladas. El PRISP recluta especialistas con “habilidades avanzadas en áreas como China, Medio Oriente, Corea, Asia Central, los Cáucasos”, con un énfasis especial en especialistas con habilidad lingüística previa en “chino, árabe, persa, urdu, pashtun, dari, coreano, o de en idiomas de Asia Central o los Cáucasos, como geórgico, turco, tajik o uzbeco”. El PRISP también financia a especialistas en Estudios Islámicos y científicos especializados en bioterrorismo, contraterrorismo, química, física, computación e ingeniería.

 

Mis investigaciones entre el personal del Senador Roberts sobre el tamaño y alcance actual del PRISP me suministró poca información útil y me refirieron al Sr. Tommy Glakas en la CIA. Glakas actuó reacio a discutir muchos detalles específicos del PRISP, pero sí confirmó que el PRISP en este momento financia aproximadamente a 100 estudiantes que concurren a un número no especificado de universidades norteamericanas. Cuando se le preguntó si el PRISP está funcionando en las facultades, Glakas primero dijo que sí, después dijo que no estaba funcionando, luego aclaró que el PRISP no es de la clase de programas que está ligado a los campus universitarios, sino que está descentralizado y ligado a los estudiantes personalmente. Presionado para responder más sobre lo que esto significaba, Glakas dijo no tener más información. Dijo no tener manera de saber exactamente cuantas universidades actualmente tienen estudiantes participando en el PRISP, aludiendo no poder saberlo porque el PRISP está administrado no sólo por la CIA sino también por una cantidad de agencias de inteligencia individuales, tales como la NSA (National Security Agency - Agencia Nacional de Seguridad), MID (Military Intelligence Detachment – Destacamento Militar de Inteligencia) o Naval Intelligence (Inteligencia Naval). Hizo hincapié en que el PRISP era un programa de educación descentralizado que financia a estudiantes a través de varias agencias de inteligencia. Glakas dijo no saber quien podría saber en cuantos campus hay especialistas del PRISP. Se negó a identificar cuales campus cuentan con estos especialistas encubiertos del PRISP.

 

El Programa de Inteligencia para Especialistas no surgió del vacío. Como el Patriot Act (Decreto Patriótico), el PRISP fue concebido hace años y luego esperó el momento indicado para salir a la luz. El PRISP es en gran medida el invento del antropólogo Felix Moos de la Universidad de Kansas, un defensor de larga data de los contactos de la antropología con agencias militares y de inteligencia. Durante la Guerra de Vietnam Moos trabajó en Laos y Tailandia  en proyectos financiados por el Banco Mundial y a través de los años ha trabajado en varios puestos de asesoría militar. Trabajó en el Proyecto Themis del ARPA (Advanced Research Projects Agency – Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada) del Pentágono, y ha sido instructor del Naval War College (Colegio Naval de Guerra) en Fort Leavenworth y en el U.S. Staff and Command College (Colegio de Personal e Instrucción de EEUU) en Fort Leavenworth. Por años, Moos ha dictado cursos sobre “Violencia y Terrorismo” en la Universidad de Kansas. En los meses posteriores a los ataques del 2001 al World Trade Center y al Pentágono, Moos obtuvo el apoyo de su amigo Stansfield Turner, ex CIA DCI, para obtener el apoyo en el Senado y la CIA para financiar su visión de una unión entre la antropología, la academia, el análisis de inteligencia y entrenamiento para espionaje.

 

El profesor Moos originalmente propuso que todos los estudiantes del PRISP sean requeridos a manejar dos lenguas extranjeras y usar clases de antropología e historia para esetudiar la historia cultural de las regiones que estudiaran. La visión de Moos del PRISP era más extensa que el actual programa piloto e incluía clases sobre temas como el bioterrorismo y contraterrorismo. Moos propuso mantener una presencia activa de la CIA en los campus para que los estudiantes del PRISP pudieran comenzar su entrenamiento en sus primeros años de estudio, y que “para cuando fueran llamados a servicio, pudieran estar listos para las unidades de inteligencia de la rama de su elección”. Si la fase piloto del PRISP finaliza positivamente, esta puede ser la dirección en que este programa se desarrolle a pesar de que es dudoso que el PRISP se expanda en alguna forma que implique la abierta identificación de sus participantes.

 

Es tentador describir a Moos como un antropólogo fuera de tono con las corrientes dominantes de su disciplina, pero a pesar de que muchos antropólogos se muestran preocupados por los lazos disciplinarios existentes con organizaciones militares y de inteligencia, la antropología contemporánea no tiene una opinión centralizada desde la que pueda estar de acuerdo o disentir sobre este tema, a pesar de que hay otros en el campo que abiertamente (o en silencio) apoyan esos proyectos. Moos es un hombre brillante, pero sus escritos hacen eco de la sensiblería y el tono grotesco que esperaríamos encontrar en lecturas de cama del estilo de Tom Clancy. Así, prefiere citar la sabiduría de Sun Tzu y de Samuel Huntington antes que a antropólogos como Franz Boas o Laura Nader. Hace dos años, en un panel examinador muy interesante y confrontador, en la reunión anual de la American Anthropological Association – AAA (Asociación Antropológica Americana) que trabajaba sobre las conexiones antropológicas con las agencias de inteligencia, vi a un Moos muy enojado preguntar retóricamente: “Han los antropólogos aprendido tan poco desde el 11/09/2001 como para no reconocer al verdad y aplicabilidad de lo que nos recuerda Sun Tzu: “a menos que alguien sea sutil y perspicaz, no puede percibir la sustancia en los informes de inteligencia. Es sutil, sutil.” Desde el estrado podía ver a otros no tan sutiles antropólogos en la audiencia empleados por Rand y el Pentágono asentir con la cabeza como si con esas palabras hubiera dado en el blanco. Moos estaba claramente tras algo.

 

La noción del estudioso - espía de Felix Moos surge en parte de una historia altamente romantizada sobre las contribuciones de los antropólogos para con los Aliados en la Segunda Guerra Mundial. Las pretensiones de esta historia imaginaria han sido cada vez más socavadas por investigaciones basadas en archivos y por la FOIA (Freedom of Information Act – Decreto sobre la Libertad de Información) sobre las complejidades, tanto éticas como prácticas, de la participación de los antropólogos incluso en esta guerra “buena”. En 1995, ante una comisión que modificaba el código de la AAA sobre ética antropológica, Moos testificó que se debería permitir a los antropólogos a sumarse a investigaciones secretas, arguyendo que “en un mundo done las armas de destrucción masivas se han vuelto tan terribles y las acciones terroristas tan aterradoras, los antropólogos deben renunciar a su ingenua fe en una utopía comunitaria y deben estar preparados para encontrarse en el conflicto y la violencia. De hecho, deben sentir la obligación profesional de trabajar en áreas con conflictos étnicos... Pero, al trabajar con criaturas morales, deberán por supuesto reconocer la necesidad de clasificar algunos de sus datos, si no hubiera otra razón, sólo para proteger la vida de sus sujetos y la propia”.

 

Esta misma devoción a los secretos es el problema de raíz de la presencia del PRISP en nuestros campus, y también el de la visión de Moos sobre una antropología moldeada de acuerdo a las necesidades el Estado. El error de Moos es su creencia de que el problema fundamental con los servicios de inteligencia norteamericanos es que les falta el suficiente conocimiento cultural de esas sociedades que estudian y espían. Este error se exacerba por la sunción de que la buena inteligencia opera en el reino del secreto. Estados Unidos necesita de una buena inteligencia, pero la inteligencia más útil e importante puede recogerse abiertamente sin necesidad de recurrir a este tipo de invasión oculta de nuestros campus que silenciosamente nos trae el PRISP.

 

Los problemas fundamentales de los servicios de inteligencia norteamericanos se exacerban con el secreto. Cuando a las agencias de inteligencia se les permite clasificar y esconder de la vista pública sus asunciones, informes y análisis, generan visiones angostas y auto referenciales diseñadas para apoyar más que para desafiar las políticas de las administraciones a las que sirven. Las agencias de inteligencia sí necesitan comprender las complejas culturas que estudian, pero sugerir que agencias de inteligencia como la CIA simplemente están acumulando e interpretando información política y cultural es un fantasía peligrosa: la CIA cumple la tarea tripartita de recolectar inteligencia, interpretar inteligencia y trabajar como el brazo cubierto supraconstitucional dela presidencia. Es esta última tarea que debe dejar pensando a los especialistas y ciudadanos cuando se considera cómo el PRISP y otros programas que unen las universidades y los servicios inteligencia usarán el conocimiento que se llevan de nuestras aulas abiertas.

 

La CIA se asegura que no sepamos a cuales aulas los especialistas del PRISP asisten, siendo esto racionalizado como un requerimiento para proteger las identidades del personal de inteligencia. Pero este secreto estructura al PRISP mientras se transforma en una operación encubierta en la que sus estudiantes aprenden química, biología, sociología, psicología, antropología y lengua extranjeras sin que sus compañeros de estudio, profesores, consejeros, jefes de departamento y presumiblemente sus sujetos de estudio (lo que crea serios problemas éticos bajo cualquier código profesional de ética posterior a Nuremberg o similares) sepan que trabajan para la CIA, DIA, NSA u otras agencias de inteligencia.

 

En una década y media del Decreto sobre la Libertad de Información he leído demasiados informes del FBI sobre alumnos detallando las opiniones políticas “pervertidas” de sus profesores. Estos varían desde los deliciosos (el antropólogo Norman Humphrey fue reportado por haber llamado al Presidente Eisenhower un “tonto pico de pato” – “duckbilled nincompoop” en el original), a los dadaístas (como cuando la ex Miss America Marilyn van Derbur informó que el sociólogo Howard Higman se burló de J. Edgar Hoover en clase), hasta los espeluznantes (como cuando el FBI arregló para que un alumno graduado llevara una conversación “informal” hacia temas específicos con el antropólogo Gene Weltfish, que más tarde fueron el foco de una investigación de Joseph McCarthy). Es posible que estos estudiantes del PRISP estén también compilando archivos sobre sus profesores y compañeros de estudio.

 

Por supuesto yo sería negligente al no mencionar que los estudiantes no son los únicos que meten a la CIA en nuestros campus. Hay también miles de profesores que secretamente trabajan con y para esta agencia. En 1988 la vocero de la CIA Sharon Foster se jactaba de que en ese momento empleaban suficientes profesores universitarios como para “ocupar todos los puestos de una universidad grande”. La mayor parte de los expertos estiman que esta cantidad ha aumentado desde el 2001.

 

Dado el constante recorte en los presupuestos federales para educación superior y las presiones resultantes para roles más mercenarios para la academia, el silencioso aumento de programas como el PRISP no debe sorprender a nadie. Desde 1945, muchos especialistas ingenuamente se han reclutado a ellos mismos o han seguido a compañeros hasta la CIA, pero cada vez más aquellos de nosotros que hemos estudiado las lenguas, cultura e historia de pueblos de todo el mundo, también hemos aprendido sobre el rol de la CIA en socavar la autonomía de esas culturas que estudiamos, al tiempo que el avance constante de estas historias ha herido los esfuerzos de la agencia para reclutar a los mejores y más brillantes egresados. Por décadas los estudiantes aprendiendo árabe, urdu, vasco o farsi eran predominantemente admiradores de esas culturas y lenguas en las que se sumergían, pero los cambios actuales nos muestran un aumento significativo en los estudiantes llevados hasta allí por las fuerzas del mercado empujadas por la Guerra Contra el Terrorismo de Bush. Si la CIA puede usar el PRISP para ligar por contrato a estudiantes en los primeros años de su educación, si puede obligarlos a asistir a pasantías de verano en corazón de sus instalaciones, la compañía puede moldear sus inclinaciones ideológicas incluso antes de que el alcance de su comprensión de la historia cultural sea formada en el relativamente abierto ambiente de su universidad. Mientras los egresados del PRISP entran en le ambiente institucional de la CIA de auto refuerzo de su Grupo de Pensamiento, la probabilidad de que cambien o avancen en los puntos de vista heterodoxos ya va a haber sido significativamente disminuida. El Grupo de Pensamiento institucional puede por lo tanto quedar seguramente protegido de infecciones exteriores.

 

Pero mientras el PRISP protege e intensifica la supremacía del pensamiento original en la CIA y en cualquier otro lado, amenaza la integridad académica de la antropología y de otras disciplinas académicas que sin darse cuanta se convierten en socios cómplices de estas agencia de inteligencia. Hace mucho tiempo que la CIA reconoce que la antropología, con sus ampliamente viajados y tanto cultural como lingüísticamente competentes practicantes tiene herramientas muy útiles. Al mismo tiempo, intenta que no leeamos demasiado sobre los reportes publicados de que las técnicas de tortura aplicadas en Abu Ghraib dirigidas por la CIA eran diseñadas de acuerdo a un profundo conocimiento de las humillaciones culturales específicas acorde a los contenidos del libro del antropólogo Raphael Patai Tha Arab Mind (La Mente Árabe). La experiencia de Patai está teñida con estereotipos orientalistas pero explicita el punto de vista del nativo en que los árabes generalmente aborrecen a los perros y la humillación sexual para concluir que atormentar con un perro fiero a un hombre desnudo y atado sería un modo de tortura efectivo.

 

Las agencias de inteligencia norteamericanas hace mucho les roban el trabajo a los antropólogos. Para citar sólo dos ejemplos documentados, en 1951 la CIA hizo un acuerdo encubierto con el consejo ejecutivo de la AAA donde la última proveía a la CIA el acceso a datos sobre las especialidades lingüísticas y culturales de los antropólogos mientras que la CIA producía en secreto la primera lista de doble entrada de los miembros de la AAA para la AAA en las computadoras de la CIA. En 1962 el Departamento de Comercio de EEUU tradujo ilegalmente la etnografía de Georges Condominas We Have Eaten The Forest (Nos Hemos Comido el Bosque) sobre los Montagnards de las tierras altas de Vietnam para ser usada como una herramienta de la contrainsurgencia. A pesar de que ningún especialista puede controlar los usos que se le da a la información que publica, existe la necesidad de tener conciencia de cómo cualquier conocimiento puede ser objeto de abuso por otros. Y mientras la conciencia de la presencia del PRISP se difunde, muchos especialistas pueden encontrarse desarrollando nuevas formas de autocensura y doblepensamiento.

 

Ambientes académicos saludables necesitan apertura porque ellos, a diferencia de la CIA, se nutren con las virtudes del abierto desacuerdo, disensión y reformulación. La presencia de estos participantes secretos del PRISP implica la existencia de propósitos ocultos que sabotean estos procesos académicos fundamentales.

 

El Pat Roberts Intelligence Scholar Program (Programa Pat Roberts de Inteligencia para Especialistas) infecta la academia con los  virus de la deshonestidad y la desconfianza cuando los especialistas que participan en él ocultan sus intencione y sus vínculos con los ocultos maestros a los que sirven.

 

*David H. Price es el autor de

Threatening Anthropology: McCarthysm and thr FBI’s Surveillance of Activist Anthropologists, (Duke University Press, 2004).

Contacto:  dprice@stmartin.edu